El valor de la flexibilidad permite al hombre acomodarse fácilmente al dictamen , a las exigencias de las circunstancias, a los requerimientos de nuevas situaciones o a condiciones laborales, sociales o personales diferentes.
La flexibilidad debe ser permanente en el ser humano, por cuanto en las vida todo está marcado con el sello del cambio. Todo cambia , excepto esta verdad. Por tanto, la intransigencia se halla en clara y total contraía con el devenir de la existencia.
La persona flexible gana amigos en todas partes y sabe conservarlos; siempre está dispuesto a convivir con las realidades concretas, aunque su imaginación sea dueña de mil fantasías diferentes. Los contratiempos no se toman sino como nuevas experiencias.
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